Los orígenes remotos de la matemática
Mariano Martínez Pérez*
Portada de la emblemática Aritmética
del cubano Aurelio Baldor
¿Quién «inventó» la matemática? No los griegos,
por supuesto: desde Tales y Pitágoras, la matemática es casi idéntica a la
nuestra: es ya «moderna». Tampoco los egipcios ni los mesopotamios más
antiguos, cuyos conocimientos de los números y de las figuras eran ya realmente
avanzados. Lo que estas culturas representan es, en un sentido muy preciso, el
resultado final, y ya muy sofisticado, de una larguísima pre-historia «matemática»
que puede remontarse a 500.000 ó 1.000.000 de años atrás (¿o más?).
¿Qué necesidad concreta de los números podía
tener nuestro tan remoto antepasado? Es muy evidente que sin la presencia del
dinero, la necesidad de los números cae casi por completo. Lo que tuvo que
presentarse muy pronto, sin duda, fue la necesidad de comunicar a otros
miembros de la rudimentaria comunidad, la importante (¡incluso vital!)
información que responde a la pregunta (expresada lingüísticamente o de manera
simplemente «gestual») de «¿Cuántos ciervos has visto en el otro valle?» o,
mucho más dramática aún, «¿Cuántos enemigos has visto?». Desde una primera
respuesta tan simple como «muchos» o «pocos», pero que ya es, como mínimo,
prematemática (de nuevo articulada o por gestos corporales), que es la más
pobre, pero sin duda ya significativa y valiosa, a la sucesiva distinción y
diferenciación de los números más pequeños para contar cosas: 2,3, 4, etc.,
debieron de pasar muchas decenas de milenios (el 1 representa algunas
dificultades especiales; efectivamente, no parece responder bien a la pregunta «cuántos»
que es un claro plural).
Durante la larga conquista de los números más
pequeños, tuvo que presentarse un problema de una dificultad insospechada: el
de darle nombre a los números. Aunque nuestro antepasado ni lo sospechara, la
dificultad radicaba en el carácter abstracto de los números (¡que los debió
rodear de un misterio reverencial que llega hasta hoy!): efectivamente, nadie
ha visto ni vera nunca al mismísimo número 4, como tampoco a la justicia, la
belleza o el amor, todos ellos abstracciones. La concepción primigenia del
número debió ser del tipo «visual» y «totalizadora», «sintética» y no
articulada lingüísticamente. Este problema despistó completamente a todos los
antropólogos de hace un siglo aproximadamente, que llegaron a creer de buena fe
que muchas tribus primitivas casi desconocían la idea de número, al contar: «uno,
dos, tres, muchos» (probablemente en cuanto a la «concepción visual» de los
números los indígenas podían darle cien vueltas a los antropólogos).
Mucho más tarde, al ir descubriendo y
conociendo números cada vez mayores (por las necesidades de una estructura «social»
de complejidad creciente) nuestro antepasado ya más cercano (¿50.000 años?) descubrió
una fantástica ayuda para contar un controlar esos números; se trata de la idea
de «base
Nuestro antepasado remoto también fue
desarrollando, sin duda, (¡incluso mucho antes de los números!), las
intuiciones espaciales más básicas de lo que iba a ser, un millón de años
después, la geometría pura de los griegos. ¡Es otro proceso realmente
fascinante, pero ya no me cabe en este espacio!
*Profesor
de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutence de Madrid y
colaborador de la Fundación Canaria Orotava de la Historia de la Ciencia.
Texto tomado del libro: Dirección General de ordenación e innovación educativa. Consejería de
educación, cultura y deportes del Gobierno de Canarias. (2001). La
divulgación de las matemáticas en la prensa. Una propuesta matemática al
alcance de todos. Canarias.

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